Por eso

Porque me falta dinero pero todavía lo aguanto. Porque no soy inocente, ni ajeno a lo que es el llanto. Porque hacer unos favores no se me hace suficiente, y prefiero involucrarme, ayudar y detenerme. Porque en el mundo hay cobardes que no se hacen responsables. Porque las calles son frías, y tienen suelos muy duros, y paredes muy vacías, y ventanas, y verdugos. Porque quisiera acoger, y cuidar, reparar alas, aunque sé que nunca pude, aunque sé que no es mi carga. Porque sé lo que es sangrar, perderme, ser ignorado. Por eso tengo a este gato durmiendo sobre el regazo.

A tres clics de distancia

Hoy tenemos a tantos a tres clics de distancia: el vecino de enfrente, el amor del pasado, los colegas que vemos a diario en el trabajo, enemigos y hermanos, conocidos huraños, la gente de la tele, los bomberos y tú. Es extraña la red, nos acerca y separa, porque es tan simple darle con el mouse a un botón, pero a la vez espanta tomar la iniciativa o esperamos que el otro nos dé conversación.

No queremos dar datos, ni atención, ni razones, preferimos obviar alguna información, guardar nuestras distancias, cuidar nuestros espacios, evitar que nos hieran con alguna opinión. “Si lo sé es sólo mío, si lo comparto no.”

Invisibles los lazos que nos unen de lejos, zigzagueantes punteadas líneas de conexión. Son puentes de cadenas, puertas a medio abrir. Pasillos cortos, fríos, que cuesta transitar. “No quiero verte nunca, no quiero hablarte más, pero siempre en mi agenda tu número estará.”

El mundo es de los cobardes

El mundo es de los cobardes. De los que se encierran tras muros, de los que no dan sin recibir a cambio, de los que han sido heridos y están resueltos a que no pase de nuevo. El mundo es de los que cuentan sus pasos, de los que limitan sus ansias, de los que no oyen a sus instintos, de los que cuentan ganancias. De los que dominan para no ser dominados, de los que mienten buscando no ser los más engañados. De los que no entregan ni se entregan, de los que no esperan ni se espera. El mundo es de ellos. Los otros… los otros están muy ocupados. Se la pasan viviendo, se la pasan amando, se la pasan cayendo, se la pasan volando. No tienen tiempo de pensar en poder, de pensar en poseer, de pensar en cuidados. Por eso dejan que el mundo sea de los cobardes; para que tengan algo.

Existencia

Caminé y caminé buscando aquel comercio, la venta de pasteles a la que me llevaron un día en el que llovía como ahora, aunque con más contento y menos frío. Busqué su ubicación en mis recuerdos: las pistas, tantos giros, los colores, la esquina, sus letreros y las bromas, tratando de encontrarme en el enredo que es el barrio del santo más sureño. Maldito laberinto adinerado, podría ser una trampa de turistas, porque tras recorrerlo un par de horas llegué al mismo lugar que en el comienzo. Y fue la frustración de aquel momento, o el cansancio, o el saberme perdido lo que me recordó que nunca he sido capaz de recobrar lo que se ha ido. O lo que deja a otros, que es lo mismo, aunque su implicación es más severa. Y tuve que admitir, sin disfrazarlo, que vana fue la búsqueda completa, porque quise volver y reencontrarlo sin confirmar primero su existencia.